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Entrevista a Daniel Pérez Morales en torno a SIN AIRE
La percepción del Bien y el Mal es personal, está tan contaminada de la irracionalidad de las emociones como el resto de nuestros pensamientos.
Entrevista al escritor Daniel Pérez Morales

—Su nueva obra Sin aire y la anterior Acer nigrum tratan la compleja investigación de la policía para dar caza a asesinos en serie. ¿Por qué eligió este tema?
Un asesino en serie es un individuo que encuentra satisfacción cuando mata. Eso no resulta sencillo de comprender. Los seres humanos nos sentimos seguros cuando encontramos explicación para todo, incluso para actos terribles, como una catástrofe natural o un asesinato. Asumimos que alguien llegue a matar en defensa propia, en un arrebato pasional o por codicia. Que haya un motivo detrás de ello nos tranquiliza, y dentro de nuestra cabeza nos creamos la falsa ilusión de que todo responde a un orden. Pero un asesino en serie mata por placer y eso escapa a nuestro entendimiento. Se nos antoja inhumano.

Cuando escribo sobre asesinos en serie es porque necesito explorar su comportamiento para entenderlo mejor y, por extraño que suene, sentirme más seguro. No porque espere cruzarme con ningún asesino en serie, sino porque me aporta seguridad comprender el mundo que me rodea. Y el misterio de los asesinos en serie resulta un enigma llamativo por la dificultad que entraña. Una novela negra es un vehículo perfecto para ese ejercicio porque, después de todo, las novelas también pretenden dar una explicación y un sentido a nuestra propia existencia.

—¿Qué tipo de documentación llevó a cabo sobre los asesinos en serie para el desarrollo de las novelas?
Normalmente el proceso de documentación lo abordo en dos planos. El primero de ellos es estrictamente técnico, mediante libros de texto o Internet. Consiste en buscar información general sobre el estado de la criminología en la actualidad, procedimientos de investigación o interrogatorios, análisis de ADN o el estudio de perfiles delictivos.

El otro plano consiste en estudiar numerosos casos específicos, que aportan información menos teórica y más práctica para establecer el contexto en el que la novela resultará verosímil: permiten conocer el detalle sobre cómo son este tipo de criminales, cómo se comportan, qué recursos emplean para no ser capturados o cómo eligen a sus víctimas.

—Próximamente presentará Sin aire en el Festival Getafe Negro, que dirige Lorenzo Silva y que cuenta con un gran prestigio. ¿Qué opina de este tipo de festivales?
Son certámenes que sirven de encuentro entre el lector y escritor, y permiten establecer un vínculo más allá de los propios libros. A mí me resultan especialmente interesantes porque a través de ellos conozco la experiencia de otros escritores, pero en ellos también se descubren nuevas obras y autores, se regresa a los clásicos desde un enfoque distinto, o se conocen otros aspectos relacionados con el género en las conferencias que se organizan.

En cualquier caso, conociendo de primera mano el certamen de Getafe Negro, si hay algo que me gustaría destacar es el esfuerzo enorme y la dedicación, año tras año, de sus responsables: Lorenzo Silva como comisario y sus colaboradores. Hay que poner mucha pasión y trabajo para que salga adelante un certamen de este prestigio y son ellos quienes, con su voluntad, lo hacen posible.

—¿Cómo logra situarse en la barrera entre el Bien y el Mal, es este el lugar del que parten todas las emociones?
La frontera que separa el Bien del Mal puede llegar a resultar bastante difusa, debido a que somos cada uno de los individuos quienes la establecemos. Incluso las leyes, que pretenden ser un criterio objetivo para establecer dicha frontera, difieren entre sí.

Creo que, como la percepción del Bien y el Mal es personal, está tan contaminada de la irracionalidad de las emociones como el resto de nuestros pensamientos. La prueba es que en un arrebato de furia podemos actuar de un modo que nosotros mismos desaprobaríamos en cuanto nos tranquilizásemos. Determinadas emociones como la ira, la tristeza o la envidia pueden condicionar nuestros valores, de un modo temporal o para siempre.
Desde luego, sí diría que la barrera entre el Bien y el Mal está estrechamente vinculada a nuestras emociones. Quizá por eso siempre han tenido tanto éxito las historias que narran sus conflictos.

—¿Qué recomendación daría a los jóvenes que empiezan a escribir?
Creo que lo más importante que podría aconsejarle a quien empieza a escribir es que se divierta haciéndolo. Una novela requiere muchas horas de dedicación que se roban a otras actividades, así que mejor que sean disfrutadas. De lo contrario, puede convertirse en un trabajo inabordable.

Al margen de esto, también recomendaría que cada autor escriba sobre lo que verdaderamente le remueve por dentro. La escritura es una actividad más personal de lo que puede parecer a primera vista y cualquier obra será mucho más completa y satisfactoria si somos enteramente honestos con nosotros mismos.
Y por último, que no cunda el desánimo. Si no nos satisface una página o un primer borrador, hay que considerar que eso no es más que un primer paso con el que empezar a trabajar.

Entrevista a Daniel Pérez Morales en torno a ACER NIGRUM
No me preocupan eventuales cazas de brujas mientras yo pueda escribir con libertad y un lector pueda leer con libertad.
Entrevista al escritor Daniel Pérez Morales

—Acaba de llegar a las librerías su primera novela ACER NIGRUM (editorial Cuadernos del Laberinto, Madrid, 2014), una trama negra situada en Canadá en la cual dos agentes antagónicos se enfrentan a un asesino de mujeres. ¿Qué le arrastra a escribir novela negra, es el mal un punto inexplicable de atracción?
—Debo admitir que el mal me atrae, pero no es tanto por morbo, sino por el miedo a lo desconocido. Mi inclinación hacia el mal se debe a que necesito comprenderlo para sentirme más seguro y creo que, trabajar sobre él, es una manera de aproximarse a su comprensión. Precisamente, desde el punto de vista social, nos impactan en mayor medida aquellos actos malvados para los que no encontramos explicación. Nos resulta más sencillo asimilar que un atracador mate al vigilante de un banco porque espera conseguir un gran botín que la posibilidad de que un asesino salga a la calle y elija sus víctimas al azar, sin ningún motivo aparente.
En mi caso particular, además, considero que una novela negra es un escenario que me permite desarrollar tramas en las que sus personajes representen lo mejor y lo peor de la naturaleza humana, que son el tipo de historias que me resultan más atractivas

—¿Qué ha buscado situando la novela en un escenario tan distante del Español? ¿Qué relación le une con Canadá, buscaba distanciarse de los tópicos de siempre en novela patria?
—Los motivos por los que elegí Canadá para ambientar mi novela son bastante más mundanos y personales, y tienen que ver con mi infancia. Tengo una tía que trabajaba allí cuando era niño y, cada vez que regresaba del otro lado del océano, lo hacía cargada de historias, regalos y fotografías de una tierra lejana y exótica con los que nos impresionaba a todos sus sobrinos. A los ojos de un niño, Canadá se me antojó una especie de tierra prometida rodeada de misterio y misticismo y supongo que, desde que era un crío, siempre la he tenido ahí, como un ruido de fondo en el subconsciente.
Cuando me hice mayor, tuve ya la oportunidad de hacer un extenso recorrido por las provincias de Quebec y Ontario y aquellas tierras, que mezclan paisajes urbanos y solitarios con bosques interminables y naturaleza salvaje, me parecieron un paisaje perfecto para desarrollar una novela policiaca.

—Es significativo que ya con su primera novela haya sido invitado a participar en el Getafe Negro, una de las principales citas de este género en España ¿Qué supone esto para usted?
—Me ha supuesto una sorpresa muy agradable y, como recién llegado al mundo editorial, me llena de motivación. El Getafe Negro es uno de los festivales literarios de mayor relevancia y, por supuesto, estoy encantado de asistir. Para mi significará una gran experiencia que pienso disfrutar al máximo y en la que espero aportar todo lo que sea capaz.

—Ha llegado a nosotros el rumor de que su novela ha sido censurada en ciertas librerías. Parece sacado de una caza de brujas medieval y otorga a ACER NIGRUM un atractivo por saber el motivo de este veto, por ver qué puede molestar hoy en día en literatura. ¿Cómo ha vivido este asunto?
—Cualquier indicio de censura me lo tomo con bastante filosofía. No tengo ningún inconveniente en que cada librería, como empresa privada, decida lo que es "moral" o "inmoral" bajo su punto de vista. No me preocupan eventuales cazas de brujas mientras yo pueda escribir con libertad y un lector pueda leer con libertad. Me preocuparía si cualquier intento de censura tuviese origen en organismos públicos. La novela va dirigida a un público adulto que intuirá lo que puede encontrarse en cuanto la tenga en las manos y cada uno es muy libre de juzgarla según sus principios y valores.
También pienso que un autor solo es dueño de su propia novela cuando la tiene guardada en el cajón. Una vez que es publicada, son los lectores, las librerías, los críticos y demás quienes pueden reaccionar de mil modos diferentes, sobre los cuales, el autor ya no dispone de ningún control.

—¿Qué opinión le merece la novela negra en España?
—La misma opinión que me merece cualquier otra disciplina en España, sea en novela negra, literatura, cualquier expresión de arte o profesional. Vivimos en un país con ingentes cantidades de talento desaprovechado. A modo de ejemplo, cuando observo la sección de novelas negras en una librería y me encuentro con una inundación de autores escandinavos de moda, pienso que algo estamos haciendo mal. Por supuesto que hay buenos autores escandinavos, pero también los hay españoles, y la repercusión mediática de unos y otros no tiene nada que ver. Supongo que es una cuestión de marketing y de cómo vender un producto. Pienso que en el mundo editorial existe cierto efecto de arrastre, en la que un autor puede publicar un bombazo que abra un enorme nicho de mercado para otros autores que vayan detrás. En cierto modo, creo que sucedió algo así con Stieg Larsson y "Millenium". Quizá en nuestro país estemos a la espera de que irrumpa un autor que dé el espaldarazo definitivo a la novela negra española, que logre un gran éxito local y su exportación al resto del mundo del modo que consiguen muchos autores foráneos.

—¿Cómo es la creación de sus personajes?
—Es un aspecto que me tomo muy en serio porque creo en las novelas de personajes, a quienes considero el verdadero vehículo para introducirse en una historia. Pretendo que sean reales y tridimensionales, con una biografía propia que condicione su manera de pensar y sus actos. La relación entre ellos es uno de los aspectos que más interesantes me resultan en cualquier historia. La concepción de mis personajes es variada aunque supongo que, como ocurre con la mayoría de los autores, algunos de ellos adquieren características de personas propias del mundo real y otros van cobrando forma dentro de mi cabeza, a partir de mi imaginario particular.

Se dice que en literatura quien no es hijo de alguien es un hijo de puta. ¿Cuáles son sus padres literarios, sus maestros, a quiénes debe su vida como escritor?
—La lista es extensa, porque formaría parte de ella cualquier autor de un libro que me haya impactado a lo largo de mi vida y que me haya motivado para seguir leyendo. En cada edad sucumbí a diferentes géneros y tendencias. Mi adolescencia fue para autores de ciencia-ficción como Philip K. Dick o Asimov. Ya durante mi vida adulta, me orienté hacia autores más universales como Flaubert o Joseph Conrad, o hacia escritores más comprometidos como Milan Kundera. Me atrae también una buena novela de espionaje de John le Carré y, en la actualidad, tengo una irremediable tendencia a leer autores norteamericanos, quizá por su escritura visceral y directa, que algunos desarrollan con enorme maestría, como Cormac McCarthy.

—En contra de la opinión popular, el género negro es uno de los que más lectores tienen, y además con fama de ser críticos indulgentes. ¿Qué diría a los que siguen considerándolo un género menor?
—Personalmente, en cualquier expresión artística no distingo entre géneros mayores y menores, sino entre cosas bien hechas y peor hechas. Considero bastante estéril un debate sobre si la novela negra es un género menor. Se hubieran perdido muchas obras maestras si su autor, en cualquier disciplina, hubiese preferido no llevarlas a cabo por evitar abordar un género menor. Creo que cada autor debe escribir sobre lo que le pide el cuerpo y cada lector elegir las novelas que de verdad le atraigan. Y ahí acaba el debate para mí.

Puedes leer a Daniel Pérez Morales en :
SIN AIRE de Daniel Pérez Morales

Sin aire
Daniel Pérez Morales

Colección ESTRELLA NEGRA, Nº8
400 páginas • I.S.B.N: 978-84-944036-0-6 • 15€


Un sanguinario asesino en serie regresa del pasado. Pero en el presente no todo es lo que parece. La muerte tiene muchas caras, tantas como nombres utiliza el mal.. <<Más>>


ACER NIGRUM de Daniel Pérez Morales

Acer nigrum
Daniel Pérez Morales

Colección ESTRELLA NEGRA, Nº6
396 páginas • I.S.B.N: 978-84-941902-5-4 • 15€


Algo está ocurriendo en los bosques de la pequeña localidad canadiense de Emmerin. La tierra comienza a expulsar cuerpos mutilados de mujeres jóvenes. El caso recae en la agente Isabelle Lemaire a quien imponen un nuevo compañero, Noah Page. <<Más>>

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