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Entrevistas: RAFAEL SOLER
Nací con Tagore, me devastó Vallejo, me recuperé con Neruda, me acompaña Lorca, y acabo de descubrir al contemporáneo belga Carl Norac.
RAFAEL SOLER


— Tras una ausencia de más de una década, muchos le dábamos por desaparecido ¿echaba de menos la literatura y regresó con "Maneras de volver" o nunca dejó de escribir?
— Si convenimos —y yo lo creo firmemente— que un escritor es ante todo su mirada, la única respuesta posible es "no, nunca dejé de escribir en estos años de silencio editorial". Se escribe, y mucho, viajando, aunque no lleves encima un cuaderno pequeño de tapas de hule negro; se escribe cerca de una escollera, en soledad de uno, dejando pasar las horas y los días en aparente falsa quietud, con todo alborotado dentro; se escriben mil folios sin escribir ninguno cortejando a una mujer inaccesible y redentora… Una vida son siempre muchas vidas que se escapan y merecen ser vividas. El escritor está para contarlas. Y cuando toca hacerlo hay que ponerse a la tarea, ni un segundo antes ni un día después. Y ése es el principal desafío del escritor: la justa y necesaria contención para dar al lector lo imprescindible. Y, en poesía, más.

— Parafraseándole ¿Cuál es la pregunta que le quema las entrañas, esa que le convierte en ser humano?
— Siempre es la misma: ¿por qué?

— ¿Experiencia o inocencia?
— Inocencia, sin duda alguna. Y más en los tiempos que nos toca vivir, en que la inocencia es un bien tan frágil.

— En el recital de "Hazversidades" en Libertad 8, le escuché decir que la infancia es su patria. Por favor, desarrolle más este interesantísimo concepto.
— Hay que ser lo que se es, o no ser nada. Y en nuestra infancia siempre está lo mejor de nosotros, lo más auténtico. Su evocación en los momentos difíciles que tiene toda vida es siempre el mejor refugio: allí nos encontramos de nuevo, quizá con nostalgia de lo que pudo ser y quedará inédito. La infancia como territorio, como paisaje, como identidad.

— Vila-Matas aconseja que para escribir hay que dejar de ser escritor, es decir olvidar el rol social que esto conlleva. Sin embargo esto parece contradictorio con lo que se impone en los círculos literarios: premios, vida social, recitales permanentemente ¿Ha devorado el consumismo también a la poesía?
— El mayor enemigo de la poesía son los poetas vanidosos.

— Se dice que la poesía actual vende poco ¿Puede ser culpa de tanta poesía inútil, de tantos seudo-poetas laudados que alejan a los lectores?
— La poesía es un género mayoritariamente minoritario. Nunca venderá mucho, pero siempre será imprescindible, porque todo ser humano lleva un poeta enorme dentro, incluso los que usted califica acertadamente como seudopoetaslaudados, todo junto, tan numerosos.

— ¿Cómo es su rutina a la hora de escribir?
— Madrugo, pongo siempre el mismo DVD desde hace años —¡gracias, Lucía!—, camino mucho, dudo, vuelvo a las andadas, literalmente. Y cuando menos lo espero, un verso me deja su tarjeta de visita.

— ¿Cuáles son sus poetas fundamentales y cuáles destaca de la poesía actual?
— Nací con Tagore, me devastó Vallejo, me recuperé con Neruda, me acompaña Lorca, y acabo de descubrir al contemporáneo belga Carl Norac.

— Dentro de un mes presenta el nuevo libro "Las cartas que debía" ¿Qué puede adelantarnos?
— Recoge mi trabajo de los últimos años. Son catorce cartas, y sus destinatarios llevaban mucho tiempo esperando correo.

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