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Entrevistas:MILLS FOX EDGERTON
En muchísimos casos los profesores dejan a la pobre poesía herida de muerte en las clases de lengua y literatura.
MILLS FOX EDGERTON

La cita que abre su último libro LUZ Y SOMBRA: "La luz ciega; la sombra revela" ¿puede considerarse una sentencia que resume su pensamiento en lo referente a la poesía?
— Yo no soy muy dado a lo teórico, pero sí tengo algunos principios generales. Uno de ellos puede sintetizarse en los siguientes términos: lo que está ahí, delante de nuestros ojos, a veces oculta aspectos importantes de la realidad que sólo se revelan si prestamos atención, buscando lo que haya detrás de la luz cegadora.

¿Qué sentido tiene escribir poesía?
— Creo que la mayoría de los poetas occidentales se preguntan hoy exactamente eso: ¿qué sentido tiene escribir poesía? Porque el público lector de poesía es cada vez más reducido, cada vez más minoritario, en el sentido negativo, elitista de esta palabra. Paradójicamente, creo que la situación en la que los poetas nos encontramos se ha entendido mal. Sí es verdad que poquísimos jóvenes compran y leen libros de poesía. Pero, por otro lado, en la música popular de hoy hay poesía, pero no se le llama así. Y allí también hay poca poesía buena y muchísima poesía mala. Pero así la poesía, en el mejor sentido de la palabra, no está ausente de la vida de los jóvenes de nuestro tiempo. Lo que pasa es que en muchísimos casos los profesores dejan a la pobre poesía herida de muerte en las clases de lengua y literatura, lo que lleva a los jóvenes a evitar la denominación de poesía para las letras de canciones que sí les llegan. No sé cómo resolver este problema.

Verso libre, suelto… ¿tiene algo en contra de la métrica y la rima?
— En mi poesía, si no hay métrica tradicional, sí es importantísimo el ritmo; la disposición de los versos sobre la página sirve para llevar al lector a leer según un determinado ritmo. Aunque no siempre hay rima, sí hay casos en los que la hay, asonante en la mayoría de los casos. Además, hay un fenómeno curioso: a menudo la rima me sale espontáneamente al final del poema, donde sirve para darle unidad. Debo decir que comparto el rechazo de la inmensa mayoría de los poetas occidentales de hoy a la métrica y rima tradicionales en la medida en que el resultado final son textos en los que hay elementos que el poeta ha sido obligado a incluir en ellos para satisfacer las exigencias de las formas tradicionales pero que aparte de eso no tienen ninguna función.

¿Qué le enamoró del castellano a los trece años? Sabemos que está dándole vueltas a un ensayo sobre el castellano. ¿Qué cualidades intrínsecas del español como lengua literaria destacaría ahí?
— Destacaría las siguientes cualidades: En primer lugar, la transparencia de la estructura de la mayoría de las palabras del castellano -- con excepción, evidentemente, de las de origen árabe o de las derivadas de lenguas autóctonas de América. En la mayoría de los casos es fácil deducir el significado de un vocablo de sus componentes. En segundo lugar, el verbo español, en toda su amplitud, con todas las formas perifrásticas que tiene, permite expresar muchísimos matices. En tercer lugar, la maravillosa flexibilidad de la sintaxis, que permite elaborar oraciones largas y complejas para expresar razonamientos complejos sin romper su unidad pero de tal manera que el lector medianamente culto puede seguir el desarrollo del pensamiento en cuestión sin perderse en la sintaxis, cosa fácil en otras grandes lenguas de cultura. Y finalmente destacaría la morfología nominal: dos géneros que en la mayoría de los casos están claramente marcados. Esta característica del idioma permite una admirable concisión.
Ahora bien, las aludidas cualidades, y otras, no garantizan que el hispanohablante siempre maneje bien los recursos expresivos que tiene a su disposición. Permiten que lo haga, no lo garantizan.

Hace poco le escuché decir que lo que más le llamaba la atención del ser humano era la maldad.
— La maldad humana existe, pero ¿cómo se explica que exista? Dejando de lado el argumento que se puede derivar de la fábula de Adán y Eva y el que consiste en explicar la maldad humana por le imperiosa necesidad de sobrevivir, me resulta imposible entender que una persona sea mala. Es decir, sé que hay personas malas, incluso malvadas, malévolas, eso lo comprobamos con excesiva frecuencia en la realidad que nos rodea, pero no entiendo que una persona sea mala. Entiendo que lo es, no entiendo que lo sea. Creo que a menudo consigo penetrar en otras cabezas, ver con otros ojos, pero soy incapaz de meterme en la piel del malo.

¿La creación/el arte es lo que hace evolucionar al hombre?
— Lo que hace evolucionar al hombre es su capacidad para elaborar condiciones hipotéticas. Imaginémonos a un cavernícola contemplando un fuego encendido por un rayo y pensando "Si yo pudiese hacer el fuego…" Es decir que el hombre es capaz de imaginar lo que no es pero podría ser, capacidad que lleva a algunos a intentar realizar aquello que se han imaginado, que puede ser el fuego, un mueble, un cuadro, un poema, una sinfonía, una explicación del cáncer, el diseño de una nave espacial…

Salta a la vista que usted es un gran lector, ¿Cuántos libros habrá leído en su vida? E indíquenos sus cinco libros fundamentales
— He leído seguramente miles de libros, pero los he leído desordenadamente. Soy un lector ecléctico, que ha buceado en una serie de literaturas europeas, en español, en italiano, en alemán, en latín… Con una excepción, soy incapaz de dar títulos de libros fundamentales porque son tantos. La excepción es "En busca del tiempo perdido" que para mí es una obra simplemente incomparable.

Háblenos sobre su experiencia como editor en USA
— Durante unos veinte años fui el director de la editorial universitaria de mi universidad, la Bucknell University Press. Fue una experiencia absolutamente fascinante. Con alguna que otra excepción, no publicábamos obras de matemáticas, de física, de química, de biológía… Editábamos libros sobre temas humanísticos. Muy pronto corrió la voz de que se me había nombrado director y se presentaron las primeras propuestas de obras de crítica literaria e historia literaria hispánicas, luego de traducciones de textos literarios hispánicos. Entre los cuatrocientos libros que publiqué habrá unos ochenta sobre temas hispánicos.
Examinaba cada propuesta rigurosamente, admitiendo los más prometedores a trámite: consulta con un especialista que redactaba un informe detallado sobre el manuscrito y formulaba una recomendación, discusión por el consejo editorial, decisión de éste: rechazo, rechazo con la posibilidad de revisión, aceptación condicional o aceptación incondicional. A mí me tocaba hacer la selección inicial, buscar al mejor especialista para evaluar la obra, y presentarla luego al consejo con mi recomendación. Fue una aventura intelectual absolutamente asombrosa: crítica literaria sobre obras inglesas, francesas, alemanas…, obras de índole filosófica, histórica… ¡Increíble!

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