Manuel Guerrero Cabrera

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Manuel Guerrero Cabrera
Manuel Guerrero Cabrera

(Lucena, 1980).

Es profesor de lengua y literatura, articulista y poeta; además, realiza desde la Asociación Cultural Naufragio una labor de difusión cultural y literaria en el sur de Córdoba, recibiendo, por esto último, el Premio Pimiento de Plata que le concedió la Delegación de Juventud del Ayuntamiento de Lucena en 2011.

Ha publicado los poemarios El desnudo y la tormenta (Moreno Mejías, 2009), Loco afán (Ediciones en Huida, 2011) y El fuego que no se extingue (Manantial, Ayuntamiento de Priego de Córdoba, 2013); los libros de ensayo Estudios críticos de Literatura del Siglo de Oro (Juan de Mairena y De Libros, 2008) y Tango. Bailando con la literatura (Moreno Mejías, 2009); y el libro de relatos Para despertar (Moreno Mejías, 2011).

Ha sido incluido en las antologías Versos para derribar muros (Los libros de Umsaloa, 2008), Andalucía en el verso. Biznaga de poesía andaluza (De papel, 2012) y Náufragos en Saigón (Asociación Cultural Naufragio, 2013), así como en las virtuales Las afinidades electivas (desde 2007) y Poetas del siglo XXI (desde 2011), entre otras.

Ha participado en varias revistas literarias (Angélica. Revista de Literatura, Ágora. Revista de Literatura, Saigón, El coloquio de los perros, Espacio habitado, Aldaba, etc.) y en volúmenes colectivos de ensayo (destacan las aportaciones incluidas en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes) y colabora con artículos de opinión y de pensamiento, en varios medios del sur de Córdoba. Posee un espacio semanal sobre literatura en Radio Lucena bajo el título Siempre hay tiempo y es director y presentador del programa mensual de literatura La voz a ti debida en Radio Atalaya de Cabra.

En Cuadernos del Laberinto ha publicado el poemario LAS SALINAS DEL ALIENTO, y ha participado en la antología Me gusta la Navidad. Antología de poesía navideña contemporánea.


CAMPEONES

De niños en el patio del colegio,
todos querían ser Oliver Atom,
no porque el blanco fuera su color,
sino porque jugaba como un santo
que tenía las alas de Redondo,
y de Bebeto y Laudrup lo mágico.

Los que chutaban fuerte (y los que menos)
imitaban a Mark Lendes gritando
¡¡tiro del tigre!!, nombre pegadizo
pero nada efectivo para el ánimo
de nuestros compañeros y rivales,
por un balón amigos en un patio.

Nadie quería ser Benji ni Warner
si había que jugar bajo los palos:
demasiada arrogancia para un puesto
en el que nunca fueron valorados.

Y luego estaba yo que me gustaba
el estilo de Julian Ross, del Mambo:
decidido, sencillo, inteligente,
admirado, veloz y enamorado;
en cambio, le fallaba el corazón
al personaje más corazonado…

A muchos les costó crecer de golpe
y entender lo que atrás hubo quedado…
El corazón también se nos rompió,
como a Julian Ross, cuando
dejamos de ser niños en un patio.

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